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jueves, 3 de septiembre de 2015

Baseball Game

Anécdotas para la posteridad.
As a formal integrant of a Venezuelan family I have noticed in this past years several characteristics that define us very well as “uncommon family” among the others stereotypes. I might say that the two most important ones are been made of a gigantic number of people and to have funny anecdotes of every single member. Having said this, I think one of the best examples that comes into my mind to represent these features is in one of my birth dates, the tenth specifically. It was as I recall a perfect sunny day in San Antonio de Los Altos, located in Los Teques, the place where my closest aunts, uncles and cousins live. My mom, dad and siblings always went there for my birthdays for many reasons, but the mainly was that there, in Las Minas Park we could rent a tinny hovel with a grill and cook all day, eat good steaks and after, play a friendly baseball game with the rest of the family. Las Minas is probably one of the places that truly saw my sister and I grow when we were children.
This funny anecdote begins in October 30th getting us up as early as possible because the drive from Caracas to San Antonio is without traffic at least one hour. My mom always had a strategic plan to manage the different parts of the house to get the five ready at 8 am. I don’t exactly remember what every person did because I was the guest of honor, I just had to be ready at the door by eight, which was all my job. When we arrived to the park, we could see the other members of my family, maybe sixteen or eighteen already in the place, and we were still missing a few ones. To set an hour for a Venezuelan party to say “Get there one hour later than what we scheduled”. As everybody settles the adults start setting all the equipment to work and all the kids the toys to play, we didn’t need to receive the order, we just knew what to do. To give a little of background to understand this anecdote I have to state the most watched sport in Venezuela is baseball and my family has a particularity: from the eight teams that compose the Major League Baseball in Venezuela we follow only two teams, Los Leones del Caracas and Los Navegantes del Magallanes (Caracas’ Lions and Magallanes’ Sailors). At one moment in your life you have to face which team you are going to deposit all your life in, cheer on for, mourn for when they lose the season or make jokes of the other teams when your team won. “Which team do you chose?” That’s the question I answered by saying Caracas’ Lions like my oldest brother and father and my sister answered by saying Magallanes’ Sailors like my mother. We are rivals when it respects to baseball games and my family knows that pretty well because they also made their choice, you share couch with the people who share your decision. That’s the survival rule. You would not like to have your uncle mocking at you loudly “10 AGAINST 0, NOW WHO’S CRYING?” believe me, I know that very well.

With a bat, one old baseball ball, four gloves for each base player and different things used to label the bases we start the game, Caracas fans versus Magallanes fans. We would flip a coin as always and decide who would bat first. They were first at bat. Few innings, some runs for each team and all is friendly, then my sister, an eight years old girl with one pony tail tighten and two beautiful eyes that would not harm anyone is coming to bat. Because she is the youngest player in the game, we closed the plate so all the fielders will be closer to the bases and catch easily her rolling. The pitcher, one of my cousins threw her the ball slowly so she could get the hit and be excited that she made it and make her smile. At the same time when all this is happening, my grandfather was walking close to the third base where I was standing to congratulate me. And then I saw how my sister, which any of us could believe she could swing that hard, hit the ball straight to my grandfather’s chest. No one spoke for three seconds that felt like three years and then that little cute girl in the home with the bat in hand screamed “WHO TOLD YOU TO WALK IN THAT WAY?!”. Everyone, literally, everyone was laughing so hard when she said that. We never expected that, an apology maybe but, to tell my grandfather to watch out where he walks? That was funny. Actually, he was the first one to start laughing, then stopped, kissed her in the cheek and told her “I’m proud that you chose the Magallanes”. By this day, every single person that made something that was not supposed to do or had not to be, they will receive an automatically “WHO TOLD YOU…?!”.

jueves, 15 de agosto de 2013

Mil y Un Poses de mi Hermana en la Computadora

Necesito que entiendas esto muy bien:
Jamás seré responsable de la falta de internet; antes de correr a mi cuarto con una actitud negativa ya predispuesta a no escuchar procura quejarte con papá porque Inter no sabe cubrir tus necesidades.
No soy tu mayordomo; sólo porque haga cosas por ti no implica que siempre tendré que calarme tus quejas y actuar respetuosamente.
Portero tampoco, y mucho menos escolta; pasaste por algo muy duro, la edad y la inseguridad son impedimentos pero tú no me pagas y no haces valer la independencia que dices querer tener cuando ya terminas de gritar mi nombre para hacerte un "favor".
No me interrumpas cuando hablo; acuérdate como tu chillas cuando yo te interrumpo. Se condescendiente.
Cuando soy amable contigo no es por interés, es por fraternidad; no sabes cuanto envidio a esos hermanos que cada media hora se abrazan, como tú y él cuando estuvimos un mes encerrado los tres. Los envidio a ustedes dos.
Tenme paciencia; aún no logro bailar como Justin Timberlake.
Pregúntame lo que quieras; te garantizo una respuesta, negativa o positiva, aunque tu ya sepas como será. Me satisface ver como te alegras cuando pienso igual que tú en las decisiones.
No seas terca; esa palabra rima con puerca y no me gusta asociarte con eso.
En la cocina no hay nadie que te vaya a asustar; enciende la luz y cierra los ojos como yo hago al entrar, el titilar de la cocina es perturbador en la noche oscura.
Siempre dejaré la puerta abierta cuando me lo pidas; si tienes suerte y no tengo sueño, la puerta estará abierta.
El equipo de sonido siempre está en mi cuarto; no me creas cuando digo que no.
No reviso tu Twitter en el iPad; solamente el Instagram.
Cuando me pidas un libro que te quieras llevar a la playa, reconoce que no te lo vas a leer; no malgastes el tiempo en la playa como yo lo hago.
Mi toalla siempre será tu toalla; creo que queda implícito.
No me digas que soy malo en algo; aún tengo tiempo para descubrir si es verdad o no, y si lo puedo mejorar.
Trata a mamá como tu amiga; te conviene tenerla de tu lado.
Cuida mis cosas; puedes ponerte mis gorros, mis chaquetas, suéteres y camisas, zapatos si te llegan a quedar alguna vez, libros y cuadernos, cualquier cosa pero cuídalos como yo te cuido a ti.
Mi frase favorita tuya es "ZOGUIII!"; cuando este molesto, grítala.
No me sé todas las canciones; enséñamelas como yo te enseñé al artista. No tengo mucho tiempo para aprenderme doce mil canciones.

Hay muchas cosas más que iras aprendiendo de mi, tenme paciencia, no soy perfecto. Algún día escribiré el libro de las mil y un poses tuyas en frente de la computadora, y ahora, el celular.

miércoles, 24 de julio de 2013

Nos vemos dentro de poco

Muchas cosas que escribir, demasiadas ideas desordenadas y el tiempo aún sigue corriendo.
Por un lado estoy feliz, el mes que pensé que sería interminable en una pueblo de Texas pasó tan rápido como quise cuando me anunciaron el repentino viaje, volveré a ver a mis papás, primos, tías y abuelos y posiblemente también a mis amigos, la rutina de los toques inesperados de semana regresarán y el tesoro más preciado, Bahía será disfrutado como lo merece. Por otro lado, el lado opuesto de la moneda, estoy triste, cuarenta y tantos días se transformaron en cuarenta y tantos de horas, casi nada, dejo un idioma que lentamente me ha enamorado, la sensación de seguridad sobre protectora desaparecerá y lo más doloroso, el golpe que me remata, tengo que dejar atrás a mi hermano. Básicamente estoy de duelo.
No me puedo sucumbir a cualquier sentimiento, ambos se mantienen en un equilibrio mutuo perfecto que de vez en cuando se tambalea inclinándose mucho más a un lado que el otro. Una balanza sería la mejor representación para el momento, me explico.
En un platillo tenemos toda la felicidad que abunda sólo en pensar que volveré a ver a mi madre, abrazarla tan fuerte que me pedirá que la suelte un poco para respirar seguido de un resoplido agudo de aire, pegar la cabeza en el pecho de mi padre, oler esa característica colonia Polo mezclada con Hugo Boss y pedirle la bendición como es de costumbre, ser apurados mi hermana y yo para irnos rápido del aeropuerto y hablar todo el viaje subiendo a Caracas. Luego, ver a mi primo graduado, toda una dicha y orgullo, un título que se merecía desde hace varios años pero es el sistema el que dice cuando debe ser entregado, asimismo veré a mis cuatro galantes primas, una pequeña pero más energética que toda la familia junta y tres más grandes que yo donde la edad no importa, todos jóvenes al fin y al cabo; mis tíos, cada uno con su personalidad preguntándonos acerca de todo lo que vivimos del viaje, riéndonos y disfrutando de la fiesta por el logro de mi primo. Nada como la familia. Sumar todo esto a Bahía es una combinación fenomenal, algo que es digno de anhelar en cualquier lado, sin comparación alguna. Únicamente disfrute.
Ahora, en otro platillo tenemos la tristeza que representa dejar a mi hermano con esta soledad de pueblo donde nadie se conoce pero las puertas no las separa más de medio metro. Siento que lo estoy torturando al escribir lo bien que me voy a sentir de nuevo en Venezuela mientras que él está aquí con comida chatarra, polvo y aire acondicionado que hiela los huesos. Es injusta la distancia, nadie merece estar separado de su familia cuando se desea tanto convivir con ella. Los días volaron, cada vez más cortos con risas más fueres y duraderas, historias curiosas y regaños para la posteridad, recuerdos invaluables. Todo hecho una falsa ilusión de tiempo. No quiero pensar en como será el viernes pero me imagino la escena, el primero en llorar seré yo, seguido por mi hermana y mi hermano, todos sabiendo que un mes fue más que suficiente para acostumbrarnos a nuestras presencias y lo largo que serán los siguientes para volver a la rutina. Los abrazos fuertes, largos, húmedos y calurosos al mismo tiempo destrozarán todas las barreras de querer mantenerse firmes al no llorar, la frase que nos dirá antes de volver a verlo por última vez en este viaje y las largas despedidas. Ya tengo el corazón hecho añicos y los ojos junto a los lentes abarrotados de lágrimas; dicen que querer es poder, yo no quiero irme para no dejarlo sólo pero no puedo hacerlo. Como les dije a mis hermanos una vez en una de nuestras muchas conversaciones de cena, "No todas las frases aplican para  cada situación". Esta es la situación a la que me refería, muchos factores influyen y la frase no se puede acoplar en su complejidad a la situación volviendo automáticamente su significado nulo. Supongo que mi consuelo será durante el vuelo un libro donde el protagonista tampoco sabe como afrontar su problema, el playlist titulado "El viaje de Nano, el enano" que en este caso se llamará "El viaje de Eruarito, el enanito", largas siestas si llego a pegar un ojo y la esperanza de llegar rápido a Caracas para poder jugar Call Of Duty en línea con él o skypear para preguntarle como le fue en ese viaje de regreso, aunque yo ya sé como habrá sido.
Al ya exponer ambos lados de la balanza queda claro como me encuentro tan arraigado a los dos. Sólo quiero decir que este fue el mejor viaje que he tenido y creo que las causas ya fueron expuestas.

Nano, este párrafo va dedicado sólo a ti.
Te voy a extrañar demasiado, las lágrimas que voy a derramar en el aeropuerto van a ser de tristeza, dura tristeza de no poder verte por cinco semanas cuando ya pasamos seis que jamás olvidaremos. Te quiero hermano, se que estoy escribiendo como si nunca habláramos pero tienes que entender lo difícil que es para mi que ya no estés todos los días conmigo allá en Caracas y ahora yo no podré estar todos días contigo en Texas, siempre voy a entender que es para con tu futuro y tu buena vida que estés aquí en Estados Unidos. Siempre recuerda, en Caracas habrá un cuarto esperando a que entres y me abraces, ten por seguro que la cama estará tendida y que dejaré de poner la ropa encima de ella, esta vez me limitaré a usar la escalera. Cuando nos veamos en Los Ángeles puede ser que no llore pero si lo hago esa vez las lágrimas serán de felicidad por volver a verte tan feliz y barbudo con tu super v en el cuello. Ahora lo interesante, busca bien en la habitación, pequeñas partes de mi están ahí, sólo tienes que ser astuto. Para ser justos te daré unas pistas, atento: Nuestro tema favorito de cenas, "¡Es mi turno! ¿Son dos rondas?", mesa, 29, Nintendo y Samsung. Te quiero gafito. 
Nos vemos dentro de poco.